Ahorro energético

Cuánto consume un frigorífico y cómo gastar menos en 2026

Tu frigorífico lleva encendido desde que lo enchufaste. No ha parado ni una hora: ni en Nochevieja, ni cuando te fuiste de vacaciones, ni ahora mismo mientras lees esto. Es el único electrodoméstico que trabaja los 365 días del año sin pedir una tarde libre, y por eso saber cuánto consume un frigorífico importa más de lo que parece. No es el que más gasta de golpe: es el que nunca deja de gastar.

Persona abriendo la puerta de un frigorífico lleno de comida en la cocina
Foto de Kevin Malik en Pexels.

Por qué la nevera es el rey silencioso de tu factura

Un horno consume una barbaridad, pero lo usas media hora. Una lavadora pega un buen tirón, pero son un par de horas y a otra cosa. El frigorífico juega en otra liga: gasta poco cada minuto, pero lo hace 8.760 horas al año. Es la diferencia entre un sprint y una maratón que no se acaba nunca.

Por eso, aunque su consumo instantáneo sea modesto, al final del año pesa. Según el IDAE, el organismo público de ahorro energético, el frigorífico es de los aparatos que más contribuyen a la factura de un hogar precisamente porque no se apaga jamás. En una casa media puede suponer entre el 10 % y el 20 % del gasto eléctrico, más que muchos electrodomésticos que crees que gastan mucho más.

Dato verificado · IDAE El frigorífico es el electrodoméstico que más horas funciona de toda la casa: las 24 del día, todos los días del año. Ese es el motivo de que un modelo eficiente y un par de hábitos se noten de verdad en el recibo.

Cuánto consume según su clase energética

No hay un número único, igual que no hay un solo precio de la luz. Lo que gasta tu nevera depende sobre todo de tres cosas: su eficiencia (la clase de la etiqueta), su tamaño y su edad. Un combi moderno de clase B no juega en la misma división que el armario que heredaste del piso de tus abuelos.

Estas son las horquillas de consumo anual más habituales, con su coste aproximado a un precio medio del kWh de 0,15 €:

Perfil del frigorífico Consumo orientativo Coste al año (~0,15 €/kWh)
Nuevo eficiente (clase A–B), combi mediano 150 – 200 kWh/año 23 – 30 €
Gama media actual (clase C–E) 250 – 350 kWh/año 38 – 53 €
Antiguo (10–15 años) 400 – 550 kWh/año 60 – 83 €
Muy antiguo o «americano» grande 600 – 800 kWh/año 90 – 120 €

El consumo anual en kWh viene escrito en la etiqueta energética europea de cada modelo. Es el dato medido en laboratorio: el tuyo puede variar según cuánto la abras, dónde esté y la temperatura de la cocina.

Fíjate en el salto: entre la nevera vieja y una nueva eficiente hay hasta 90 € al año de diferencia. Todos los años. Sin que tú hagas nada distinto que abrir la puerta a buscar el yogur.

Lo que gasta al día, al mes y al año

Vamos a bajarlo a euros de andar por casa. Tomamos un frigorífico de gama media que consume unos 300 kWh al año —el más habitual en las cocinas españolas— y repartimos ese gasto:

Periodo Consumo Coste (~0,15 €/kWh)
Al día ~0,82 kWh ~0,12 €
Al mes ~25 kWh ~3,75 €
Al año ~300 kWh ~45 €

Doce céntimos al día parecen nada. El truco está en que ese «nada» se cobra 365 veces seguidas. Y si tu frigorífico es de los viejos, esa fila de abajo puede ser el doble o el triple.

Importante Estas cifras usan un precio medio orientativo de 0,15 €/kWh. El precio real del PVPC lo publica cada día Red Eléctrica en e·sios, cambia cada hora y tu comercializadora suma sus márgenes e impuestos. Para el número exacto de hoy, mira el precio de la luz hora a hora o calcula tu caso concreto en la calculadora de consumo.

La etiqueta energética cambió en 2021 (y casi nadie se enteró)

Aquí hay una trampa que confunde a mucha gente en la tienda. Durante años nos acostumbramos a las clases A+, A++ y A+++. En marzo de 2021, la Unión Europea borró todos esos «más» y volvió a una escala limpia de la A a la G.

¿El motivo? Casi todos los aparatos habían acabado apelotonados en la zona A+++ y la etiqueta ya no distinguía nada. Así que se reescaló y se apretó el listón: hoy una nevera de clase C es excelente, y encontrar una A auténtica es raro y caro. Aquel A+++ de 2019 sería, con la escala nueva, más bien una B o una C.

Cocina moderna luminosa con un frigorífico blanco integrado en los muebles
Un frigorífico eficiente moderno gasta la mitad que uno de hace quince años. Foto de Alex Tyson en Pexels.

La lección práctica: no compares la letra de tu nevera de 2018 con la de una nueva, porque no hablan el mismo idioma. Mira siempre el número que de verdad importa, el que no cambia de escala: los kWh al año. Ese es el que acaba en tu factura.

Por qué no puedes moverlo a las horas baratas

Si vienes de leer cómo ahorrar poniendo la lavadora en las horas baratas, seguramente estés pensando lo mismo para la nevera. Malas noticias: con el frigorífico ese truco no sirve.

La lavadora la programas: eliges cuándo arranca y la clavas en la madrugada barata. El frigorífico, en cambio, se enciende y se apaga solo cada pocos minutos, a lo largo de las 24 horas, para mantener el frío. Su consumo se reparte por todas las franjas del día, las caras y las baratas, y tú no decides ni una. No hay botón de «inicio diferido» que valga.

Ojo con esto Con un aparato que está siempre enchufado, la palanca del ahorro no es la hora, es la eficiencia. Aquí no ganas moviendo el consumo, sino reduciéndolo: un modelo mejor y unos cuantos hábitos. Es menos glamuroso que madrugar para la colada, pero funciona igual.

Dicho esto, saber a qué hora está barata la luz te sigue viniendo bien para todo lo demás que sí puedes mover. Para eso están las horas baratas de hoy.

La temperatura correcta (y el mito del mando al máximo)

Existe la creencia de que poner la nevera «a tope de frío» conserva mejor la comida. Lo único que consigues a tope es una factura más gorda y, de propina, la lechuga congelada al fondo del cajón.

El IDAE recomienda unos ajustes muy concretos, que son de sobra suficientes para conservar los alimentos con seguridad:

Compartimento Temperatura recomendada
Frigorífico Entre 3 y 5 °C
Congelador −18 °C

Cada grado que enfríes de más por encima de lo necesario puede aumentar el consumo alrededor de un 5 %. Bajar de 5 a 1 °C «por si acaso» no conserva mejor nada: solo obliga al motor a trabajar más horas para nada. Ajusta una vez, comprueba con un termómetro barato si tienes dudas, y olvídate.

Siete hábitos que sí bajan el consumo

Ninguno cuesta dinero y todos suman. Como no puedes cambiar la hora a la que gasta, este es tu verdadero terreno de juego:

  • No metas comida caliente. Deja que el guiso se temple fuera. Meterlo hirviendo obliga a la nevera a pelear contra ese calor durante horas.
  • Abre menos y cierra rápido. Cada vez que abres la puerta se escapa el frío y entra el aire caliente de la cocina. Quedarte pensando qué picar con la puerta abierta se paga.
  • Descongela el congelador. Una capa de escarcha de más de 3 mm actúa como un abrigo que impide enfriar y puede disparar el consumo hasta un 30 %. Si es No Frost, ya lo hace solo.
  • Revisa las gomas de la puerta. Cierra la puerta con un billete a medio meter y tira: si sale sin resistencia, la junta está gastada y estás enfriando la cocina.
  • Sepáralo de la pared y de las fuentes de calor. Necesita unos centímetros por detrás para soltar calor. Pegado al horno, al lavavajillas o al sol de la ventana, trabaja el doble.
  • Ni vacío ni a reventar. Muy vacío pierde estabilidad cada vez que lo abres; demasiado lleno impide que el aire frío circule. Un término medio es lo ideal.
  • Limpia la rejilla trasera. El polvo acumulado en el condensador (esa parrilla de la parte de atrás) hace que disipe peor el calor y consuma más. Un repaso al año basta.

En verano todo esto cuenta doble: cuanto más calor hace en la cocina, más tiene que sudar el motor para mantener los mismos grados dentro. Julio y agosto son, de lejos, los meses en los que tu nevera más gasta.

Persona frente a un frigorífico abierto en una cocina con luz natural
Cuanto más calor haga en la cocina, más trabaja el motor. Foto de Pew Nguyen en Pexels.

Pon número a lo que gasta tu nevera

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Abrir la calculadora de consumo

¿Merece la pena cambiar la nevera vieja?

La pregunta del millón. Y la respuesta honesta es: depende de cuánto de vieja sea. Comprar una nevera nueva solo para «ahorrar» rara vez sale a cuenta si la que tienes cumple bien. Pero si arrastras un modelo de hace 15 años, la cosa cambia.

Un frigorífico de esa edad puede gastar 500 kWh al año o más. Uno nuevo eficiente ronda los 180. La diferencia son unos 320 kWh anuales, casi 50 € cada año, y con los muy antiguos y grandes el ahorro se acerca a los 70 €. No amortiza el aparato en un año, pero tampoco te lo regalan enchufado a un sumidero.

La cifra que importa Cambiar una nevera de más de 15 años por una eficiente ahorra del orden de 50 a 70 € al año, año tras año. Si además tu vieja hace ruido, escarcha o «no enfría como antes», la decisión se toma sola.

Un apunte antes de correr a la tienda: todo esto del ahorro por horas y por eficiencia solo cambia tu factura si tienes una tarifa que varía —PVPC o indexada—. Si no sabes en cuál estás, míralo en la guía del PVPC antes de reorganizar la cocina. Y para el resto de trucos de la casa, la guía para ahorrar luz recoge los que de verdad mueven la aguja.

Tu nevera seguirá zumbando en la cocina las 24 horas del día —eso no vas a cambiarlo—, pero al menos ahora sabes cuánto te cuesta ese zumbido y cómo bajarlo unos cuantos euros. No está mal para algo que dabas por hecho como el ruido del vecino.

Resumen

  • El frigorífico gasta poco cada minuto, pero funciona 8.760 horas al año: por eso supone del 10 % al 20 % de la factura.
  • Consumo típico: 150–200 kWh/año uno eficiente, 250–350 la gama media, hasta 800 uno muy antiguo.
  • En euros, una nevera media cuesta ~45 € al año (~3,75 € al mes); una vieja, el doble o el triple.
  • La etiqueta cambió en 2021: fíjate en los kWh/año, no en las letras, que ya no comparan igual.
  • No se puede mover a horas baratas: está siempre encendido. El ahorro viene de eficiencia y hábitos.
  • Temperatura correcta: 3–5 °C el frigorífico y −18 °C el congelador. Más frío solo gasta más.
  • Cambiar una nevera de 15+ años ahorra 50–70 € al año.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto consume un frigorífico al mes?

Un frigorífico de gama media consume en torno a 20–30 kWh al mes, lo que supone unos 3 a 4,50 € mensuales a un precio medio de 0,15 €/kWh. Un modelo antiguo puede llegar a 40–65 kWh al mes (6 a 10 €). Para tu caso concreto, calcula el coste con la calculadora de consumo.

¿Cuánto gasta una nevera al año en euros?

Una nevera eficiente y moderna cuesta entre 23 y 30 € al año; una de gama media, entre 38 y 53 €; y una antigua o de gran tamaño, entre 60 y 120 €. El cálculo usa un precio medio del kWh de 0,15 € y el consumo anual que aparece en la etiqueta energética.

¿A qué temperatura debo poner el frigorífico para gastar menos?

El IDAE recomienda mantener el frigorífico entre 3 y 5 °C y el congelador a −18 °C. Son temperaturas suficientes para conservar los alimentos con seguridad. Enfriar de más no conserva mejor: cada grado innecesario puede aumentar el consumo alrededor de un 5 %.

¿Puedo poner la nevera en horas baratas para ahorrar?

No. A diferencia de la lavadora o el lavavajillas, el frigorífico está enchufado las 24 horas y se enciende y apaga solo para mantener el frío, así que no se puede programar ni concentrar su consumo en las horas baratas. En este aparato el ahorro viene únicamente de la eficiencia del modelo y de los hábitos de uso.

¿Merece la pena cambiar un frigorífico viejo por uno nuevo?

Si tu frigorífico tiene más de 10 o 15 años, probablemente sí. Un modelo de esa edad puede gastar 500 kWh al año o más, frente a unos 180 kWh de uno nuevo eficiente: la diferencia ronda los 50 a 70 € anuales, que se repiten cada año. Si además hace ruido o escarcha, la renovación se justifica antes.

¿Qué consume menos, un frigorífico No Frost o uno normal?

El sistema No Frost evita la escarcha, que en un frigorífico normal puede disparar el consumo si no lo descongelas a tiempo, aunque su ventilador gasta algo de energía. A igualdad de clase energética, la diferencia es pequeña: lo que de verdad decide es el consumo anual en kWh que figura en la etiqueta de cada modelo.